Muñeco...

28 de septiembre, una y
   media de la tarde, 
         Stuttgart.

Muñeco…

Sí, hoy quiero hablar del fanfic que me marcó de verdad. Incluso lo tengo tatuado, imagínense. Y si no pueden imaginarlo, presten atención: durante mucho tiempo me dio vergüenza admitirlo, pero sí… lo leí, lo releí y lo releí un montón de veces. Todavía no tengo palabras para describir la maravilla que es, pero necesito que sientan lo que estoy sintiendo mientras escribo esto.
No puedo resumir las cuatro temporadas —sí, temporadas, como las llaman en Twitter— en detalle, pero voy a intentar hacer un resumen muy resumido de cada una, Ahí va:

Muñeco:

Dos gemelos separados a los 4 años. Tom, criado en Stuttgart, un barrio bajo, peligroso, donde es el “Capitán” y todos lo respetan. Bill, en Hamburgo, clase media alta, diva total, con un carácter enorme… pero tan sensible que todo lo atraviesa. Dos mundos distintos, dos vidas distintas, y un destino que los va a volver a cruzar de la forma más inesperada. Tom necesitaba un muñeco, y una vez que lo encontrará el juego no podía terminar... Tom con el pasar de la temporada, siendo inumano manipulador y un "mounstro" empieza a mostrarse seguro y dominante, mientras Bill se va enamorando poco a poco, sintiendo una conexión inigualable...
 Oh-oh, Tom se fue.

Muñeco Abandonado;

Con la vuelta de Tom a Stuttgart, Bill entrará en una gran depresión. Ya no puede apoyarse en sus amigos, que lo engañaron durante años sin decirle la verdad sobre su ex novia Natalie y se encuentra solo y confundido.
Hasta que empieza a encontrar apoyo en la persona que menos esperaría, Dereck, o Sparky como Bill acostumbra a llamarle, su mayor enemigo de la infancia.
Por otro lado Tom en Stuttgart sigue con su vida delictiva, sin darse cuenta de lo mucho que necesita a su muñeco.
Al final de esta temporada nos enteramos por qué Tom abandonó Hamburgo...

By Tom

"Ese día, aprendí algo nuevo...
No solo estándo en la calle se aprende y,
aunque los movimientos son distintos y las lecciones cambian, la respuesta es siempre la misma, da igual desde dónde lo mires, desde los callejones oscuros de los barrios bajos más bajos del mundo, o desde un rinconcito en una cama con sábanas frescas en una habitación 
con olor a libertad, al lado de una persona importante para ti.
Lo que diferencia a un ser humano de otro ser humano, es su grado de hipocresía y de 
cinismo. Y eso significa que el mundo entero es hipócrita desde que nace hasta que muere, siempre, por muy madre sobreprotectora que se sea, o todo lo puro y perfecto que puede ser
un niño grande. Esa es la lección que nunca cambia y la norma para sobrevivir a ella es simple y clara: No te fies de de nada ni de nadie, no creas en nada ni en nadie y, sobretodo... No sientas nada por nadie.
Solo así podrás sobrevivir. Solo así, no cometerás estupideces.
Y... lo dice alguien que ha cometido la peor estupidez de todas las existentes.
Sentir..."

Muñeco encadenado; (en mi opinión, la mejor temporada)

Cuando Bill escapa de casa para vivir su vida sin que nadie le moleste no deja de encontrar inconvenientes.
El primero: Nadie está dispuesto a llevar en coche a su perro Scotty (Un regalo de Tom en aquella Navidad en Hamburgo) ¡y no puede dejarlo tirado!
Segundo: Le robaron la maleta con todas sus pertenencias y se quedo tirado en medio de la carretera.
Tercero: La ciudad que tiene más cerca cuando se ve perdido es Stuttgart...
Simone, su mamá, lo atosiga con llamadas, lo que no sabe es que se quedará ahí, al menos por un tiempo. 

Varias veces Tom intenta aprovecharse de Bill, pero Bill quiere empezar de nuevo, no volver a tropezar con la misma piedra… la piedra de la que estaba enamorado... "Tom era el lobo, yo era el niño. Por mucho que Tom se hiciera el bueno o lo intentara, el instinto lobuno lo consumiría al ver mi sangre, lo que sería equivalente a verme con otro hombre, una mujer o algo que no le agradará... Por mucho que Tom fuera un lobo domésticado, seguiría teniendo el instinto de lobo salvaje y si tuviera hambre, me morderia" Cada vez que Bill empieza a buscar respuestas, Tom se enoja, lo humilla y le recuerda lo débil que es. Desde que Tom se fue, Bill cayó en una profunda depresión, con anemia y un desgaste físico y emocional.
Tom vive su dualidad: su parte absurdamente anti-yo quiere preguntar qué le pasó a Bill, entenderlo; su parte absurdamente pro-yo solo quiere herirlo, porque está acostumbrado a ser malo. Pero cuando se entera de que Bill intentó suicidarse, pasa horas en la biblioteca buscando información y hablando con un psicólogo, intentando ayudar a Bill, aunque nunca se lo diga directamente. Porque, aunque Tom actúe cruel, en el fondo sabe que la culpa y la preocupación son suyas, y que él fue quien lo lastimó.

"-Lo dominas, por completo. Si no quiere tener sexo contigo, lo persigues hasta que lo consigues. Si quiere hablar con una chica o un chico, tú lo acorralas contra una taquilla y le besas delante de todos sus amigos, lo humillas. Le dices que no vaya a una fiesta, sin ti. Le dices que no vaya a trabajar, que, si se queda en casa, tú se lo darás todo. Si él llora por algo que has hecho, tú le gritas y le dices que es débil. Si se enfurece porque has hecho algo que le humilla y le hace sentir mal, tú gritas más fuerte que él, le chantajeas emocionalmente diciéndole cosas como que lo haces por su bien, que debería tener más en cuenta que te preocupas por él y que por eso le dices que se quede en casa y no salga, y si eso no funciona y él sigue cabreado y te pega, tú se lo devuelves multiplicado por dos. En el sexo, no le dejas tocarte más de lo justo. El que tiene que ser el activo y llevar la voz cantante eres tú… y le dices Muñeco. Eso es lo que me parece más fuerte de todo lo que me has contado. Lo tratas como si fuera un muñeco en lugar de una persona. Y él te llama Amo… el que domina en la relación. – me quedé callado. Ahora, pensandolo detenidamente, me pregunte si el tío que le había hecho todas esas cosas a Bill había sido realmente yo o una especie de doble.

Manteníamos una relación de Amo y Muñeco, sí, pero ¿qué había de malo en eso? A parte de que sonaba un poco/bastante machista por mi parte.

-Bueno… sí… ¿y eso qué tiene que ver con que él tenga depresión? – pregunté"


Muñeco Acabado;
Parece que todo va bien para Bill y Tom, hasta que aparece Gore para desterrar al Capitán y ser el líder de los barrios bajos juntos a los caídos.
Y que mejor manera de deshacerse del capitán que atacarle en su punto débil, y arrebatar lo que es suyo, su novio, su hermano gemelo, su Muñeco, Bill. 

"Hemos estado un año juntos y en ese año, hemos estado a punto de morir... ¿cuántas veces? ¿Cuatro, cinco, seis? Quizá incluso más. Si estamos vivos hoy en día, no es gracias a cuánto nos queremos precisamente.


—¿Y qué? Aunque hallamos estado a punto de morir varias veces...

—No. Nuestra relación no debería ser así. Aún eres joven y no lo entiendes, pero después de todo lo que yo he vivido hasta ahora, sé que con el amor no basta, y no pienso arrastrarte hasta el fin del mundo jurándote amor eterno, porque no puedo hacerlo. ¡El amor se acaba y yo no puedo prometerte nada!

—Lo que a ti te pasa es que eres un cobarde. Sí, Capitán, después de tantas aventuras, eres un cobarde.

Tom le mira fijamente a los ojos y apoya una mano en su rodilla, muy serio.

— ¿Tienes idea de lo que estoy sintiendo al hablarte de toda esta mierda? Porque es eso, una mierda, pero verdad al fin y al cabo. ¿Crees que no me gustaría irme a una isla desierta y llevarte conmigo, a un lugar donde nadie intente matarnos ni juzgarnos? ¿Es eso? ¿Crees que para mí esto es fácil, ehh, lo crees!? —le grita, alterado— Te he perdido ya dos veces. ¿Crees que quiero una tercera? Y sin embargo voy a hacerlo. ¿Y sabes por qué?

— ¿Por qué?

—Porque te quiero, niñato estúpido. Bill tiembla. Tom nunca le ha dicho que le quiere y las lágrimas se le saltan, aunque no rompe a llorar en ningún momento.

—Si me quisieras, no me harías esto.

—Por una vez en mi maldita vida, creo que estoy haciendo algo bueno, algo que debería haber hecho hace mucho tiempo. Por primera vez en mi vida estoy actuando como un buen hermano mayor, y los caprichos de mi hermano pequeño no me van a hacer retroceder.

—Sabes que esto no es un capricho.

—Lo sé, pero me da igual. Vas a bajar del coche, vas a entrar en casa, vas a ver a tu familia, vas a ver a tus amigos, vas a... enamorarte de alguien más...

—No...

—Sí...

—No me pidas eso."

"—¡Bill! —le grita su hermano al cabo de unos segundos,  ninguno de los dos mira al otro ni por un segundo, para no mostrar sus lágrimas congeladas. Tom se ríe—. Al final… al final el Muñeco soy yo."


Fue casi imposible hacer un resumen así. Las partes que me salté, como cuando Tom le dijo…
 " — He jugado contigo desde el principio. Probablemente todo lo que te haya dicho hasta ahora habrá sido mentira. No me gustas, no te quiero y mucho menos te amo. Sólo te he follado y me he divertido jugando al sin sentido de tu vida diaria. Si tú te has quedado pillado por mí, es tu problema. ¿Lo pillas mejor así? — me quedé observándole con la boca abierta, totalmente estupefacto ante sus palabras. Unas palabras que jamás había pensado que acabarían saliendo de su boca, al menos no así, no después de todo lo que habíamos pasado juntos.

– ¿Un juego?

–Si, un juego. Con ganadores y perdedores... y siento decirte que ya ha terminado, Muñeco. – fruncí el ceño, aún más confuso si cabía. Tom sonrió de oreja a oreja, con la sonrisa más maligna que me había dejado ver en la vida.

– Esto es un Jaque Mate. Lo siento, Muñeco, pero tú eres el perdedor."


O como cuando los encadenados drogaron a Bill sin querer y Tom aprovechó para sacarle información… y también para aprovecharse de él. O las peleas de Bill con Aaron.
Hay muchísimas partes; claro que no puedo poner todo el fic: los capítulos son larguísimos y son demasiados.
La que sabe la historia casi completa es Mayto
a quien atosigo con el lore de Muñeco desde que lo leí por primera vez. Le mandaba audios larguísimos contándole todo.
También me salteé a los mejores personajes secundarios del mundo: Ricky 🩷, Black, Andreas (la rubia) y Aaron (el príncipe). Ellos son algunos de los encadenados. Después está Sparky… digo, Dereck.
Cada uno tiene un capítulo contando su historia y por qué son tan fieles a Tom.
Si me stalkean un poco en cualquier red social, van a encontrar un pedacito de Muñeco por ahí.


Muñeco me hizo sentir. No fue solo una historia, ni solo un fanfic que leí en un momento de mi vida. Fue algo que me atravesó por completo y se quedó a vivir en un lugar muy profundo mío. Me hizo enojar, reír, y llorar. 
Me hizo sentir con una intensidad que no me olvido.
Creo que me marcó tanto porque, en algún punto, fui Bill. En esa sensibilidad que parece debilidad, y también un poco en lo creído y orgulloso jiji. Y otras veces fui Tom: Bueno... Lo que capaz no entiendan de él lo lleguen a entender en unos años...
Por eso nunca pude soltar esta historia. Porque no habla solo de ellos, sino de todo lo que nos cuesta amar, de la culpa, de la herida.
No sé si algún día voy a dejar de volver a Muñeco.
Pero hay historias que no se leen:
se convierten en parte de quien sos.

También quiero agradecerle a la persona detrás de todo esto.
A Sarae, o Eva, como se llama realmente. Y aunque casi no quedaron rastros de ella, solo que supuestamente ya tiene una hija y que actualmente es esctitora, algo de su forma de mirar el mundo ya estaba ahí. Le gustaba la música, leer… pero sobre todo le interesaba entender la mente humana, las emociones. No por nada pasó por Psicología antes de seguir otro camino.
Hace ya 18 años publicó Muñeco.
Y después de ese fic dejó una carta de despedida… y desapareció.
Borró sus cuentas, y de ella quedaron muy pocos datos. 
Capaz por eso Muñeco me dejó obsesionada: porque no solo cuenta algo intenso, sino que es la huella de alguien que nos tocó profundamente sin habernos conocido nunca.
La admiro.
Y ojalá algún día pueda escribir algo que haga sentir a otra persona aunque sea una parte de lo que ella logró conmigo.
No quiero darle las gracias de una forma típica.
Pero sí quiero decirle,  que todas las cosas que llegó a escribir no se perdieron.
Que sigue viviendo en personas que tal vez nunca va a conocer.

Besos y mucha suerte en el juego.

Me quedo atrás

¿No les pasa a veces sentirse menos en una amistad?
Como si vos dieras un montón y del otro lado volviera… no sé… algo medio raro. No necesariamente nada, pero sí distinto. Y encima tratar de explicarlo sin quedar como la intensa (no se puede).
Capaz son celos.
Capaz solo no entender ciertas actitudes de personas que querés y que, en teoría, también te quieren.
Últimamente me está pasando con varias amistades y no entiendo bien por qué.
Y ni siquiera tengo un ejemplo claro para decir “pasó esto”. Es más una sensación constante, silenciosa, que aparece de golpe y se queda molestando.
Hoy, por ejemplo, no sé ni qué quiero decir exactamente con todo esto.
Solo sé que es lo que estoy sintiendo ahora.
Siento, muy adentro, que le caigo mal a todos.
Que todos me odian un almenos un poco.
Y sí, ya sé, no es real. Mi parte racional lo sabe. Mi cabeza… no tanto.
Porque mi mente tiene un talento especial para llenar silencios con tragedias que nadie escribió.
No puedo dejar de maquinar.
Es como si mi cerebro estuviera buscando pruebas de que no encajo en ningún lado. Y encima es mal detective, porque inventa pistas.
Y ahí aparece lo peor:
esa sensación horrible de pensar que las personas que hoy son mis amigos en realidad ya no me quieren en su vida…
como si yo fuera algo que se tolera por costumbre y no porque de verdad quieran que esté.
Al menos en una pelea sabés qué pasó.
Acá no. Acá es solo una duda chiquita que se mete en todo y arruina hasta los momentos lindos.

También me pasa algo que me da vergüenza admitir:
me da celos cuando alguien que quiero empieza a conocer a más personas. Real.
No es solo celos igual… es esa sensación de quedarme atrás, de dejar de ser especial para alguien que para mí lo es todo.
Y después me pregunto por qué soy así, por qué no puedo ser más tranqui, más normal, más “bueno amiga, hacé tu vida”.
Pero no. Yo siento todo en HD 4K sin posibilidad de bajar la calidad.

Soy auténtica con cada persona que conozco. No sé querer a medias, no sé fingir interés, no sé estar por estar.
Cuando alguien me importa, me importa en serio. Mucho. Capaz demasiado. (Sí, claramente demasiado).
Por eso duele cuando siento que puedo ser reemplazable.
Como si diera lo mismo que esté o no esté.
Como si mi presencia fuera opcional… tipo publicidad que podés saltear en cinco segundos.
Y capaz todo esto está solo en mi cabeza.
Seguramente.
Probablemente mañana me levante y piense "aaaah re exagerada”.
Pero hoy no.
Y hoy me siento mal.
Y bueno… supongo que a veces también se escribe desde ahí.

Bloond and red

En este preciso momento tengo tintura roja en el pelo.
Sí… roja. Y ya me estoy arrepintiendo.
El color que tenía antes era el más caro de mantener, todo en la pelu, plata, cuidado… todo. Pero igual era mi color. El que sentía que de verdad era yo (Siento absolutamente lo mismo de todos los colores que tuve pero creo que me que me gustaba más ese).
Y necesitaba un cambio. Porque claramente nunca sé lo que quiero. O lo sé cinco minutos y después no.
Estuve meses con ese color. Meses sintiéndome cómoda, segura, como si por fin algo encajara.
¿Y qué hice? Bueno… nada, ir y cambiarlo. Obvio. Porque mi cabeza funciona así: cuando algo está bien, lo arruino sola.
Ahora estoy acá, con una bolsa en la cabeza, pensando en hacerme mechitas rosas. Como si el problema fuera el color y no todo lo que tengo adentro dando vueltas.
Siento que tengo un problema grave con mi propia cabeza. Nunca estoy conforme. Nunca me quedo quieta. Siempre quiero cambiar algo, mover algo, romper algo… y después extraño exactamente lo que tenía.
Y lo peor es esa sensación de que ese color era el mío. Totalmente mío. Como si hubiera perdido algo más grande que un simple tono de pelo.
Y ahora no hay vuelta atrás.
O sí, pero no inmediata. Y eso lo hace peor. Porque tengo que convivir con una decisión que tomé yo misma y que ya me arrepentí.

Odio mi vida y absolutamente todo lo que hago.

miss her

Estaba viendo mis reposts de TikTok, mis compartidos. No sé cómo terminé bajando hasta todo el 2025.
 Ese año la pasé para el orto, sí. Pero no era solo tristeza. Era otra cosa. Como si me hubiera armado una barrera para que nada me toque. Para que nadie me lastime.
No era otra personalidad, no. Tampoco era yo del todo. Era una versión mía que era puro ego e insensibilidad.
Y me lo creía. Y estaba bien. Bueno, no.
No sentía todo como ahora. No me cuestionaba tanto. No me abría así, un poco inaccesible. Y eso me protegía. No podían entrar tan fácil. Nadie me podía atravesar.
Y aunque ahora lo piense y diga “estaba mal”, en ese momento me sostenía.
Sigo teniendo ese caracter con la gente de afuera.
Pero yo ya no me lo creo. Y eso cambia todo. Igual, es necesario volver, en secundaria es necesario tener el valor de responder a algún comentario un poco pasivo agresivo con ganas. Porque una cosa es actuarlo y otra muy distinta es convencerse de verdad.
Antes me lo creía.
Yo eso estaba bien.
Y eso alcanzaba para sobrevivir.
Ahora soy demasiado consciente. Demasiado sensible. Todo me afecta. Todo me llega. Y dicen que eso es parte del proceso, sanar, bla bla bla. Pero se siente horrible. Se siente como estar sin meikap.
Extraño esa versión mía que no se analizaba tanto. Que no dudaba. Que no se rompía por todo. Sin pedir permiso, sin explicar nada.
Extraño también perderme en obsesiones boludas que me salvaban la cabeza. 

No sé si quiero sanar o solo quiero aguantar.
No sé si esto es avanzar o retroceder.
Solo sé que necesito ¿volver a ser yo? No sé quién soy. Pero esa versión mía me gustaba. Aunque sea mentira. Aunque sea por un rato. Aunque sea para sobrevivir este año.

Mes del amor

Gente jurándose cosas eternas un martes a la tarde. Raro...
A mí eso siempre me deja pensando, pero no en el amor lindo, sino en todo lo que se hace pasar por amor y nada que ver.
Porque no todo lo intenso es amor.
Y no todo lo que cuesta vale la pena.
Hay gente que no se ama nada.
Nada de nada.
E igual así busca desesperadamente que alguien más lo haga.
Como si una pareja pudiera arreglar un vacío interno.
Spoiler: no puede.
Eso termina en relaciones rarísimas.
Tóxicas, dependientes, pesadas.
Parejas que no deberían estar juntas por salud mental, básicamente.
Pero no se dejan.
Porque “se aman”.
O porque tienen miedo de estar solos.


Sí, ya sé: es medio hipócrita.
Porque si hablamos de intensidad, caos y dependencia emocional, hola, soy yo.
La menos indicada.
Yo soy intensa.
Soy obsesiva.
Y bastante celosa también, no voy a mentir.
Celosa con parejas inexistentes, con amigos, con amigas, con familia… con todo.
Si existís y te quiero un poco, probablemente me genere celos. Así de sana estoy.
Lo tengo claro.
Bueno… a veces.
Porque como dije en otro post, hay días en los que siento que entiendo absolutamente todo.
La vida, el amor, mis traumas.
Y al día siguiente me levanto sin entender nada de nuevo.
Por eso también creo que no quiero estar con nadie ahora.
No porque no me guste la idea del amor, sino porque me conozco.
Y sé que podría perderme fácil.
Sé que podría engancharme mal, obsesionarme, sufrir al pedo.
Y no quiero eso.
No quiero estar pendiente de alguien más cuando todavía estoy aprendiendo a bancarme.
No quiero una relación que despierte todos mis mambos juntos.
Además, seamos sinceros:
las relaciones adolescentes suelen ser un caos.
Todos descubriéndonos, todos rotos en distintas etapas, todos aprendiendo a ser personas.
No quiero sufrir por nadie.
No quiero quedarme en algo solo porque me da miedo estar sola.
Capaz suena contradictorio que diga todo esto siendo como soy.
Pero justamente por eso lo digo.
Porque me conozco lo suficiente como para saber que, por ahora, me conviene estar sola.
Capaz algún día llegue alguien que me encante de verdad.
Capaz sí.
Capaz no.
Mejor sola que mal acompañada (toda una señora).

Y hay otra cosa que no puedo no decir:
le tengo miedo al compromiso.
Me da miedo estar con alguien porque yo sé cómo soy.
Y cuando me siento atada… no puedo.
De verdad, no puedo.
Es una sensación física casi, como alejate de mí, dejame en paz.
Y lo peor es que ni yo me entiendo del todo.
Hay momentos en los que pienso que me encantaría estar con alguien.
Y otros en los que creo que no, que mejor no.
Y después vuelvo a pensar que sí.
Y así en loop.
Hermosa estabilidad emocional.
Creo que me da miedo perderme en alguien.
O depender.
O sentir que tengo que responder expectativas cuando yo todavía no sé ni qué quiero.
Me da miedo sentir que ya no soy libre, aunque nadie me esté pidiendo nada.
Igual, ojo, no quiero estar con cualquiera.
No quiero estar con alguien porque “está disponible”.
No quiero un clon de un clon de un clon.
Eso me aburre, me da rechazo directamente.
Si algún día estoy con alguien, quiero que sea alguien auténtico.
Con personalidad.
Que sienta mucho, como yo.
Que piense, que se exprese.
Alguien con quien no tenga que explicarme tanto porque nos entendemos en el caos.
Y sí, me obsesiono con las personas.
No lo voy a negar.
Cuando alguien me llama la atención, me llama mucho.
Últimamente, mi último crush fue Ezra Miller.
Y no solo por lo físico (aunque sí… qué prime el de 2008 a 2011).
Sino por cómo se expresaba, cómo hablaba en entrevistas, cómo mostraba su forma de pensar.
Eso me mata.
La personalidad me enamora más que cualquier cosa.
Supongo que por eso me cuesta tanto todo esto.
Porque siento mucho, pienso mucho y me engancho fácil.
Y mientras no sepa manejar eso, prefiero estar sola antes que perderme en alguien.

Hay algo que sé y no voy a negar:
está mal ser como soy en algunas cosas.
 no me lo tiene que decir nadie (Me lo dijo Agus).
A veces quiero que alguien se enamore de mi.
Que le guste mi personalidad, mi forma de pensar, mi intensidad.
Que sea como yo o, al menos, que no se canse de cómo soy.
Y al mismo tiempo sé que hay partes mías que necesitan mejorar.
Y las estoy trabajando, claramente.
Antes era peor. Mucho peor.
Me acuerdo que, por ejemplo —hola Rosario—
me daban celos cuando se juntaba con otras amigas.
Celos reales.
Y sí, obvio que todavía me pasa un poco, no voy a mentir,
pero hoy tengo claro que eso está mal.
Tipo ajá.
No sé dónde lo leí, pero alguien dijo algo así como que nadie debería ser definido por lo que fue. Que las personas cambian. Y yo creo lo mismo, no somos una versión fija de nosotros mismos.
(creo que lo dijo Charlie... o alguien muy sabio, fin del paréntesis).
Y es verdad.
No soy la misma.
Me siguen dando celos, sí, pero mucho menos.

 Hay algo que me molesta.
Me da bronca porque, no sé… creo que soy linda.
Bueno, depende la época del año:
en invierno se activa mi lado egocéntrico y soy directamente hermosa.
Pero posta no entiendo por qué nadie se me acerca.
¿Por qué nadie se me acerca?
No sé.
Las chicas sí.
Antes me pedían el ig en los baños de la escuela.
Ahora ya no tanto, supongo que porque ya me conocen...
A veces me siento vista y a veces completamente invisible.
Hermoso contraste.
Pero bueno.
Y ojalá algún día llegue alguien que no me quiera solo un rato,
sino entenderme mientras yo también me entiendo.
Y si no, prefiero seguir sola antes que repetir versiones mías que ya no quiero ser.


Igual, ojo..
si sos alto, blanquito, cara de modelo, musculoso… podés mandarme un mensaje a—

Ahora sí, en serio:
¿hay alguien que quiera tomar vino conmigo de lunes a lunes?
A la mañana, a la tarde, a la noche...
Alguien que me banque, que tenga ganas de salir, que acepte a mi segunda (Rosario)
Que le guste la joda y el vino. Mentira, solo buenos sentimientos... Dejá, ¿No leíste? No quiero nada.

a ver cuánto dura...

Me voy a anotar a teatro, vóley y tela.
No sé cuánto me va a durar, siendo sincera, pero quiero probar.
Me di cuenta que; casi siempre que me propuse cambiar algo en mi vida, lo hice desde un lugar muy superficial.
Metas como “voy a dejar de comer una semana así bajo kilos”, “tengo que verme distinta”, “tengo que cambiar algo de afuera”.
Nunca un“quiero estar bien”.
Nunca un “quiero cuidarme”.
Jamás fue “voy a comer más sano para sentirme mejor” o “voy a buscar ayuda para ordenar un poco la cabeza”.
Nunca algo que me sane por dentro.
Siempre algo rápido, extremo, visible.
Y al final era peor.

Esta vez quiero que sea distinto.
No porque tenga una claridad impresionante ni porque esté súper motivada, sino porque estoy cansada de sentirme igual.
Quiero hacer cosas que me muevan la cabeza y el cuerpo, no solo la imagen.
El cine me fascina, todo lo que tenga que ver con contar historias me atrapa.
El deporte, siendo sincera, no va mucho conmigo… pero igual me animo a probar.
No para ser re pro, ni para destacar, solo para ver qué pasa.
Quiero ocupar mis días.
Llenar espacios.
Cansarme por algo que no sea pensar demasiado.
Quiero llegar a la noche con la sensación de que hice algo, aunque sea mínimo.
No busco convertirme en otra persona ni cambiar de golpe.
Solo quiero estar un poco mejor.
Un poco menos con ganas de morirme.
Capaz no me dura.
Capaz abandono alguna de estas cosas.
Pero al menos esta vez estoy intentando desde un lugar más honesto.
Desde adentro hacia afuera.

Y eso, para mí, ya es un avance.

me da miedo estar bien.
No porque no lo quiera, sino porque no sé cuánto dura.
Cuando empiezo a sentirme mejor, una parte mía ya está esperando la caída.
Como si estar calmada fuera un milagro, como si no me perteneciera del todo.
A veces pienso que me acostumbré tanto a estar mal que se volvió cómodo.
Conocido.
Predecible.
Por eso probar cosas nuevas también me asusta.
Porque implican sostener algo, aparecer, comprometerme conmigo.
No es solo ir a una clase, es decir “esto también soy yo” y bancármela.
No sé si estas actividades me van a cambiar la vida.
No sé si van a resolver algo.


Esto lo escribí ayer, siendo sincera hoy no tengo ganas de nada. 

podría ser cualquier día

Mi cabeza no se calla nunca.
No es que piense cosas importantes todo el tiempo, a veces pienso pavadas, escenas que no pasaron, diálogos imaginarios, posibilidades que probablemente nunca existan. Pero todo eso ocupa espacio. 

Me pasa que puedo estar bien y, de la nada, mi mente decide revisar absolutamente toda mi vida.
Lo que hice mal, lo que no hice, lo que debería estar haciendo ahora, lo que voy a tener que hacer más adelante. Y no es útil, no me ordena, solo me cansa.
También pienso mucho en cómo me ven los demás.
No porque quiera gustar, sino porque me da curiosidad.
A veces siento que cada persona conoce una versión distinta de mí, y yo no termino de reconocerme en ninguna del todo. Como si fuera un rompecabezas repartido en varias cabezas.
Hay días en los que tengo una claridad impresionante.
Digo: ok, entendí.
Y al otro día me despierto sin entender nada de nuevo.
Como si cada noche me reiniciara.
Lo más rari es que, incluso cuando no hago nada, siento que estoy atrasada.
Atrasada en crecer, en decidir, en ser algo concreto.
Se que varios piensan esto,
o no sé si soy yo la que siente un poco de más.
Y no lo digo como algo dramático...

Hay días en los que siento que mi cabeza va más rápido que yo. Que entiendo cosas que todavía no sé manejar. Que siento demasiado para el momento en el que estoy. Y no sé si eso es ser intensa, ansiosa o simplemente la condena de vivir.
Escribo porque acá no tengo que decidir nada.
No tengo que saber quién soy ni a dónde voy.
Puedo contradecirme, exagerar, cambiar de tema, volver atrás.
Puedo ser yo sin tener que definirme.
No sé si esto se ordena con el tiempo o si solo aprendo a convivir con el desorden.
Por ahora escribo.
Porque mientras escribo, todo hace un poco más de sentido.
O al menos no me siento tan perdida.
Hay momentos en los que siento mucho a la gente que tengo alrededor.
Amo a las personas. Sé querer, sé amar.
Amo a mucha gente que forma parte de mi vida.
A mamá la amo, aunque esté re loca.
A papá también, aunque casi nunca esté conmigo. Lo amo igual y pienso mucho en él.
 Soy parecida a él.
De mamá tengo pocas cosas.
Y justamente por eso no quiero terminar como ella.
Amo a mi hermana con toda mi alma tal vez solo sigo porque veo que ella me tiene fe.
Tal vez me convertí en el tío Ale (Re quebrada).
También soy muy sensible.
Hay noches en las que pienso en personas que ni conozco, gente que está sufriendo ahora mismo, y me duele no poder hacer nada, ni siquiera escribirles.
Pienso mucho en mis amigos.
Todos los días me imagino cómo están.
A veces pregunto, a veces no, porque no quiero atosigarlos.
Pero los pienso igual.

Pensar en que me falta mucho por vivir y esto es solo el comienzo me pone en modo histeria. Esto es muy poco de lo que puedo expresar. 

Xoxo





Muñeco...

28 de septiembre, una y    media de la tarde,            Stuttgart . Muñeco… Sí, hoy quiero hablar del fanfic que me marcó de verdad. Inclus...