No quiero hablar con vos,
no quiero verte, no quiero escucharte.

Quiero estar bien.

Muñeco...

28 de septiembre, una y
   media de la tarde, 
         Stuttgart.

Muñeco…

Sí, hoy quiero hablar del fanfic que me marcó de verdad. Incluso lo tengo tatuado, imagínense. Y si no pueden imaginarlo, presten atención: durante mucho tiempo me dio vergüenza admitirlo, pero sí… lo leí, lo releí y lo releí un montón de veces. Todavía no tengo palabras para describir la maravilla que es, pero necesito que sientan lo que estoy sintiendo mientras escribo esto.
No puedo resumir las cuatro temporadas —sí, temporadas, como las llaman en Twitter— en detalle, pero voy a intentar hacer un resumen muy resumido de cada una, Ahí va:

Muñeco:

Dos gemelos separados a los 4 años. Tom, criado en Stuttgart, un barrio bajo, peligroso, donde es el “Capitán” y todos lo respetan. Bill, en Hamburgo, clase media alta, diva total, con un carácter enorme… pero tan sensible que todo lo atraviesa. Dos mundos distintos, dos vidas distintas, y un destino que los va a volver a cruzar de la forma más inesperada. Tom necesitaba un muñeco, y una vez que lo encontrará el juego no podía terminar... Tom con el pasar de la temporada, siendo inumano manipulador y un "mounstro" empieza a mostrarse seguro y dominante, mientras Bill se va enamorando poco a poco, sintiendo una conexión inigualable...
 Oh-oh, Tom se fue.

Muñeco Abandonado;

Con la vuelta de Tom a Stuttgart, Bill entrará en una gran depresión. Ya no puede apoyarse en sus amigos, que lo engañaron durante años sin decirle la verdad sobre su ex novia Natalie y se encuentra solo y confundido.
Hasta que empieza a encontrar apoyo en la persona que menos esperaría, Dereck, o Sparky como Bill acostumbra a llamarle, su mayor enemigo de la infancia.
Por otro lado Tom en Stuttgart sigue con su vida delictiva, sin darse cuenta de lo mucho que necesita a su muñeco.
Al final de esta temporada nos enteramos por qué Tom abandonó Hamburgo...

By Tom

"Ese día, aprendí algo nuevo...
No solo estándo en la calle se aprende y,
aunque los movimientos son distintos y las lecciones cambian, la respuesta es siempre la misma, da igual desde dónde lo mires, desde los callejones oscuros de los barrios bajos más bajos del mundo, o desde un rinconcito en una cama con sábanas frescas en una habitación 
con olor a libertad, al lado de una persona importante para ti.
Lo que diferencia a un ser humano de otro ser humano, es su grado de hipocresía y de 
cinismo. Y eso significa que el mundo entero es hipócrita desde que nace hasta que muere, siempre, por muy madre sobreprotectora que se sea, o todo lo puro y perfecto que puede ser
un niño grande. Esa es la lección que nunca cambia y la norma para sobrevivir a ella es simple y clara: No te fies de de nada ni de nadie, no creas en nada ni en nadie y, sobretodo... No sientas nada por nadie.
Solo así podrás sobrevivir. Solo así, no cometerás estupideces.
Y... lo dice alguien que ha cometido la peor estupidez de todas las existentes.
Sentir..."

Muñeco encadenado; (en mi opinión, la mejor temporada)

Cuando Bill escapa de casa para vivir su vida sin que nadie le moleste no deja de encontrar inconvenientes.
El primero: Nadie está dispuesto a llevar en coche a su perro Scotty (Un regalo de Tom en aquella Navidad en Hamburgo) ¡y no puede dejarlo tirado!
Segundo: Le robaron la maleta con todas sus pertenencias y se quedo tirado en medio de la carretera.
Tercero: La ciudad que tiene más cerca cuando se ve perdido es Stuttgart...
Simone, su mamá, lo atosiga con llamadas, lo que no sabe es que se quedará ahí, al menos por un tiempo. 

Varias veces Tom intenta aprovecharse de Bill, pero Bill quiere empezar de nuevo, no volver a tropezar con la misma piedra… la piedra de la que estaba enamorado... "Tom era el lobo, yo era el niño. Por mucho que Tom se hiciera el bueno o lo intentara, el instinto lobuno lo consumiría al ver mi sangre, lo que sería equivalente a verme con otro hombre, una mujer o algo que no le agradará... Por mucho que Tom fuera un lobo domésticado, seguiría teniendo el instinto de lobo salvaje y si tuviera hambre, me morderia" Cada vez que Bill empieza a buscar respuestas, Tom se enoja, lo humilla y le recuerda lo débil que es. Desde que Tom se fue, Bill cayó en una profunda depresión, con anemia y un desgaste físico y emocional.
Tom vive su dualidad: su parte absurdamente anti-yo quiere preguntar qué le pasó a Bill, entenderlo; su parte absurdamente pro-yo solo quiere herirlo, porque está acostumbrado a ser malo. Pero cuando se entera de que Bill intentó suicidarse, pasa horas en la biblioteca buscando información y hablando con un psicólogo, intentando ayudar a Bill, aunque nunca se lo diga directamente. Porque, aunque Tom actúe cruel, en el fondo sabe que la culpa y la preocupación son suyas, y que él fue quien lo lastimó.

"-Lo dominas, por completo. Si no quiere tener sexo contigo, lo persigues hasta que lo consigues. Si quiere hablar con una chica o un chico, tú lo acorralas contra una taquilla y le besas delante de todos sus amigos, lo humillas. Le dices que no vaya a una fiesta, sin ti. Le dices que no vaya a trabajar, que, si se queda en casa, tú se lo darás todo. Si él llora por algo que has hecho, tú le gritas y le dices que es débil. Si se enfurece porque has hecho algo que le humilla y le hace sentir mal, tú gritas más fuerte que él, le chantajeas emocionalmente diciéndole cosas como que lo haces por su bien, que debería tener más en cuenta que te preocupas por él y que por eso le dices que se quede en casa y no salga, y si eso no funciona y él sigue cabreado y te pega, tú se lo devuelves multiplicado por dos. En el sexo, no le dejas tocarte más de lo justo. El que tiene que ser el activo y llevar la voz cantante eres tú… y le dices Muñeco. Eso es lo que me parece más fuerte de todo lo que me has contado. Lo tratas como si fuera un muñeco en lugar de una persona. Y él te llama Amo… el que domina en la relación. – me quedé callado. Ahora, pensandolo detenidamente, me pregunte si el tío que le había hecho todas esas cosas a Bill había sido realmente yo o una especie de doble.

Manteníamos una relación de Amo y Muñeco, sí, pero ¿qué había de malo en eso? A parte de que sonaba un poco/bastante machista por mi parte.

-Bueno… sí… ¿y eso qué tiene que ver con que él tenga depresión? – pregunté"


Muñeco Acabado;
Parece que todo va bien para Bill y Tom, hasta que aparece Gore para desterrar al Capitán y ser el líder de los barrios bajos juntos a los caídos.
Y que mejor manera de deshacerse del capitán que atacarle en su punto débil, y arrebatar lo que es suyo, su novio, su hermano gemelo, su Muñeco, Bill. 

"Hemos estado un año juntos y en ese año, hemos estado a punto de morir... ¿cuántas veces? ¿Cuatro, cinco, seis? Quizá incluso más. Si estamos vivos hoy en día, no es gracias a cuánto nos queremos precisamente.


—¿Y qué? Aunque hallamos estado a punto de morir varias veces...

—No. Nuestra relación no debería ser así. Aún eres joven y no lo entiendes, pero después de todo lo que yo he vivido hasta ahora, sé que con el amor no basta, y no pienso arrastrarte hasta el fin del mundo jurándote amor eterno, porque no puedo hacerlo. ¡El amor se acaba y yo no puedo prometerte nada!

—Lo que a ti te pasa es que eres un cobarde. Sí, Capitán, después de tantas aventuras, eres un cobarde.

Tom le mira fijamente a los ojos y apoya una mano en su rodilla, muy serio.

— ¿Tienes idea de lo que estoy sintiendo al hablarte de toda esta mierda? Porque es eso, una mierda, pero verdad al fin y al cabo. ¿Crees que no me gustaría irme a una isla desierta y llevarte conmigo, a un lugar donde nadie intente matarnos ni juzgarnos? ¿Es eso? ¿Crees que para mí esto es fácil, ehh, lo crees!? —le grita, alterado— Te he perdido ya dos veces. ¿Crees que quiero una tercera? Y sin embargo voy a hacerlo. ¿Y sabes por qué?

— ¿Por qué?

—Porque te quiero, niñato estúpido. Bill tiembla. Tom nunca le ha dicho que le quiere y las lágrimas se le saltan, aunque no rompe a llorar en ningún momento.

—Si me quisieras, no me harías esto.

—Por una vez en mi maldita vida, creo que estoy haciendo algo bueno, algo que debería haber hecho hace mucho tiempo. Por primera vez en mi vida estoy actuando como un buen hermano mayor, y los caprichos de mi hermano pequeño no me van a hacer retroceder.

—Sabes que esto no es un capricho.

—Lo sé, pero me da igual. Vas a bajar del coche, vas a entrar en casa, vas a ver a tu familia, vas a ver a tus amigos, vas a... enamorarte de alguien más...

—No...

—Sí...

—No me pidas eso."

"—¡Bill! —le grita su hermano al cabo de unos segundos,  ninguno de los dos mira al otro ni por un segundo, para no mostrar sus lágrimas congeladas. Tom se ríe—. Al final… al final el Muñeco soy yo."


Fue casi imposible hacer un resumen así. Las partes que me salté, como cuando Tom le dijo…
 " — He jugado contigo desde el principio. Probablemente todo lo que te haya dicho hasta ahora habrá sido mentira. No me gustas, no te quiero y mucho menos te amo. Sólo te he follado y me he divertido jugando al sin sentido de tu vida diaria. Si tú te has quedado pillado por mí, es tu problema. ¿Lo pillas mejor así? — me quedé observándole con la boca abierta, totalmente estupefacto ante sus palabras. Unas palabras que jamás había pensado que acabarían saliendo de su boca, al menos no así, no después de todo lo que habíamos pasado juntos.

– ¿Un juego?

–Si, un juego. Con ganadores y perdedores... y siento decirte que ya ha terminado, Muñeco. – fruncí el ceño, aún más confuso si cabía. Tom sonrió de oreja a oreja, con la sonrisa más maligna que me había dejado ver en la vida.

– Esto es un Jaque Mate. Lo siento, Muñeco, pero tú eres el perdedor."


O como cuando los encadenados drogaron a Bill sin querer y Tom aprovechó para sacarle información… y también para aprovecharse de él. O las peleas de Bill con Aaron.
Hay muchísimas partes; claro que no puedo poner todo el fic: los capítulos son larguísimos y son demasiados.
La que sabe la historia casi completa es Mayto
a quien atosigo con el lore de Muñeco desde que lo leí por primera vez. Le mandaba audios larguísimos contándole todo.
También me salteé a los mejores personajes secundarios del mundo: Ricky 🩷, Black, Andreas (la rubia) y Aaron (el príncipe). Ellos son algunos de los encadenados. Después está Sparky… digo, Dereck.
Cada uno tiene un capítulo contando su historia y por qué son tan fieles a Tom.
Si me stalkean un poco en cualquier red social, van a encontrar un pedacito de Muñeco por ahí.


Muñeco me hizo sentir. No fue solo una historia, ni solo un fanfic que leí en un momento de mi vida. Fue algo que me atravesó por completo y se quedó a vivir en un lugar muy profundo mío. Me hizo enojar, reír, y llorar. 
Me hizo sentir con una intensidad que no me olvido.
Creo que me marcó tanto porque, en algún punto, fui Bill. En esa sensibilidad que parece debilidad, y también un poco en lo creído y orgulloso jiji. Y otras veces fui Tom: Bueno... Lo que capaz no entiendan de él lo lleguen a entender en unos años...
Por eso nunca pude soltar esta historia. Porque no habla solo de ellos, sino de todo lo que nos cuesta amar, de la culpa, de la herida.
No sé si algún día voy a dejar de volver a Muñeco.
Pero hay historias que no se leen:
se convierten en parte de quien sos.

También quiero agradecerle a la persona detrás de todo esto.
A Sarae, o Eva, como se llama realmente. Y aunque casi no quedaron rastros de ella, solo que supuestamente ya tiene una hija y que actualmente es esctitora, algo de su forma de mirar el mundo ya estaba ahí. Le gustaba la música, leer… pero sobre todo le interesaba entender la mente humana, las emociones. No por nada pasó por Psicología antes de seguir otro camino.
Hace ya 18 años publicó Muñeco.
Y después de ese fic dejó una carta de despedida… y desapareció.
Borró sus cuentas, y de ella quedaron muy pocos datos. 
Capaz por eso Muñeco me dejó obsesionada: porque no solo cuenta algo intenso, sino que es la huella de alguien que nos tocó profundamente sin habernos conocido nunca.
La admiro.
Y ojalá algún día pueda escribir algo que haga sentir a otra persona aunque sea una parte de lo que ella logró conmigo.
No quiero darle las gracias de una forma típica.
Pero sí quiero decirle,  que todas las cosas que llegó a escribir no se perdieron.
Que sigue viviendo en personas que tal vez nunca va a conocer.

Besos y mucha suerte en el juego.

por mí

Me parece que desaparecí por un tiempito, no estuve depresiva, estuve haciendo cosas por mí (ok, lloré un poco).

Mi hermana me recomendó un podcast. Ella lo había escuchado y me habló de algunos temas que trataban, como los biotipos y los temperamentos. Me interesó tanto la forma en que me lo contó que decidí escucharlo. No porque quiera dedicarme a eso, sino porque me encanta el poder saber. Me fascina poder interesarme por algo y entenderlo. Bien dicen que el saber no ocupa lugar (soy una señora), pero además te construye identidad. Y yo claramente estoy en etapa de construcción constante.

Escuchando sobre los biotipos me sentí identificada con dos: el melancólico y el sanguíneo. Soy profunda, reflexiva y emocionalmente intensa hacia adentro. Pienso mucho, siento fuerte, me conmueve el arte (demasiado). Pero al mismo tiempo, con mis amigos soy expresiva, sociable, habladora, conecto fácil y muestro lo que siento hacia afuera. Estuve varios minutos pensando si eso era contradictorio. Después entendí que no. La personalidad no es una caja cerrada. No somos una sola cosa. Somos una mezcla de rasgos que aparecen según el contexto. Ser introspectiva y expansiva no es incoherencia es complejidad.

También en el podcast hablaban de masculinidad y feminidad. Decían que lo “masculino” busca entender el porqué de las cosas y analiza la vida de forma más mecánica, mientras que lo “femenino” se orienta más a los vínculos, la inclusión y el cuidado emocional. Al principio pensé que quizá yo era más “masculina”, porque me encanta analizar, entender, desarmar ideas. Pero después me di cuenta de que también me importa profundamente que las personas se sientan queridas, incluidas y comprendidas. puedo ser analítica y sensible, no es un bug.

Mi hermana tuvo mucho que ver en todo este proceso. Ella es flemática: tranquila, estable, paciente. Es ese tipo de persona que transmite paz sin intentarlo. Cuando estoy con ella me siento regulada, segura. Aprendo muchísimo de lo que me comparte y, en muchos sentidos, gracias a ella soy quien soy. 

El otro día me leyó las cartas. Ninguna de las dos cree realmente en eso, nos inclinamos más por la lógica que por lo místico. Pero fue una casualidad enorme que salieran cosas relacionadas con conversaciones que habíamos tenido apenas media hora antes. Nos sorprendimos mucho. Más allá de si fue coincidencia o no, lo importante fue cómo me hizo sentir, conectada, en sintonía. No se trata de creer ciegamente ni de rechazar todo, más que nada reconocer lo que algo despierta en uno. Igual si mañana me preguntás, te digo que fue estadística. Pero en el momento fue cine.

Algo parecido me pasó en una clase de acrobacia. Estábamos haciendo abdominales y se me puso una mariquita enfrente. Sé que puede ser casualidad. Pero no lo viví como “omg, suerte”. Lo sentí como un símbolo del momento que estaba atravesando, estaba haciendo algo por mí. 

Y ahí está el cambio, estoy intentando.
Durante mucho tiempo fui la persona que decía; “Si va fulanita, voy. Si no va, no voy”. Dependía mucho de los demás para animarme a hacer cosas. En 2024 entendí que eso me estaba limitando, pero entenderlo no significa cambiarlo de un día para el otro. Ahora estoy yendo sola. Y eso, aunque parezca una pavada, para mí es enorme.

Hace mucho probé el gimnasio, pero se me hacía la cosa más aburrida del universo. No digo que esté mal; hay gente que lo ama. Pero yo no busco solo entrenar: busco sentirme viva. En el gimnasio contaba los segundos para irme. En cambio, en tela no quiero que la clase termine. Colgarme, sentir la sangre en la cabeza, estirar las piernas, formar figuras con el cuerpo, sostenerme en el aire… se me hace hermoso. Es arte. Es movimiento. Es presencia. 

Hubo una parte del podcast que me hizo llorar. Hablaban de las personas que siempre están para los demás, que pueden ayudar a una amiga mil millones de veces, pero cuando ellas están mal no piden ayuda por miedo a molestar. Decían que eso a veces pasa cuando, de niños, en la familia nos ponen en el lugar de entender problemas adultos. Cuando aprendemos que hay cosas que “mejor no hacer” para no incomodar. Que es mejor adaptarse, no pedir, no ser carga.

Esa parte me tocó algo muy profundo. Porque a veces siento que tengo un problema de aprobación. Como si necesitara demostrar que puedo hacer las cosas sola, que no molesto, que no soy una carga. Y al mismo tiempo me cuesta pedir ayuda, incluso cuando la necesito. Es una contradicción, quiero que vean que puedo, pero me cuesta mostrar cuando no puedo. Orgullo raro, trauma leve, personaje complejo.
No sé si todo tiene una explicación exacta. No quiero reducir mi historia a una sola teoría. Pero sí sé que empezar a ver esos patrones me hace más consciente. 

Antes estaba mal y no hacía nada. Sabía cuál era la salida, pero no me animaba. Me había acostumbrado tanto al malestar que lo conocido se sentía seguro. Ahora no estoy perfectamente bien. Hay días en los que me siento horrible. Pero incluso en esos días intento moverme. Y eso cambia todo.
Quiero estudiar cine. Quiero actuar, modelar, tener una banda. Me interesa la fotografía, la escritura, la danza (árabe, Ji), el teatro, incluso aprender coctelería porque me parece divertido. Durante un tiempo quería hacerlo todo ya, como si necesitara convertirme de la noche a la mañana en alguien interesante. Ahora entiendo que no funciona así. No tengo que hacerlo todo al mismo tiempo. Puedo empezar con algo súper x. Puedo sostener algo que me haga bien. Puedo construir desde ahí. No necesito sacar toda la temporada junta.

Antes estaba mal y no hacía nada.
Ahora, me muevo igual.
Y eso ya es otra versión de mí. Una versión que está aprendiendo que no tiene que hacerlo todo sola para valer. Una versión que empieza a animarse a vivir.

Y si me preguntás, sí, sigo pensando demasiado.
Pero diferente.

Terminó

Recién tuve un feeling muy raro. Se empezó a reproducir una playlist que escuchaba a inicios de 2025, en enero y febrero, y me hizo sentir algo difícil de explicar. Fue como si esa música abriera una puerta a una etapa que ya terminó.Y creo que eso es lo que más me pega: que ya terminó.

Pero lo más confuso es que, cuando recuerdo esos meses, yo estaba tan mal. Incluso en ese enero y ese febrero de 2025 estaba mal. No era un problema específico. No había “algo” puntual. Era más bien un sentimiento constante: no importaba lo que hiciera, todo se sentía triste. Nada me llenaba del todo. Nada me hacía sentir realmente bien. A veces siento que desperdicié un año de mi vida. 

Los primeros meses puedo recordar algo, pero después todo se vuelve un bucle. Días iguales, emociones iguales, como si el tiempo hubiera pasado sin dejar algo concreto.Y ahora estoy sintiendo una tristeza fuerte y no sé bien por qué. Es como si algo hubiera terminado para siempre.

 Pero no es que extrañe a una versión mía. No me extraño a mí. Ni siquiera sé exactamente qué extraño. Creo que extraño la sensación de tener a personas. La sensación de que todo estaba más unido. 

Vieron esa etapa festiva donde se organiza la cena para Navidad, donde todo se vuelve más familiero, más cercano. Bueno. Odio que pase esa fecha. Y odio más todavía que esté por llegar otra vez. Es como si esa sensación de unión ya no estuviera igual. Como si algo se hubiera movido y no volviera a acomodarse.Y escuchar esa playlist me hizo sentir eso de golpe: que hay momentos que no vuelven. No porque hayan sido perfectos, sino porque tenían algo que ahora ya no está. No sé bien qué es. Pero sé que duele. Y duele sin tener un nombre claro.

Se que una nueva etapa está por comenzar. Y estoy lista para empezarla de la mejor manera, por mi, y por la gente que me rodea.

De mi, para;

Creo que algo tiene que terminar. Esta forma horrible que tenemos de lastimarnos.


No quiero sobrevivir a tu lado. No quiero estar resistiendo todo el tiempo. Quiero tu cariño. Quiero sentir que soy tu hija y no tu enemiga.
Quiero que mejores. Por vos. Y sí, también por mí. Porque si vos no estás bien, yo tampoco. 

Aunque me ría. Aunque me haga la fuerte. Aunque te conteste y parezca que nada me afecta. Estoy empezando a creer las cosas que me decís. Y eso es lo que más miedo me da. Cuando me decís que no voy a llegar a nada, que nadie nunca me va a querer, que soy mala... Duele más de lo que pensás.

No sabés quererme. Nunca estuviste cuando te necesité de verdad. Siempre era más fácil gritar, culpar o mandar la responsabilidad a otro que sentarte a entenderme.
Yo necesito tu amor. Pero cuando viene después de insultos, de decirme cosas horribles, de compararme, no lo puedo recibir. Porque no lo siento real.

Vivo deprimida hace muchísimo tiempo. Y sé que vos también estás rota hace mucho. Pero sos mi mamá. Yo necesito que me cuides. No que compitas conmigo por quién sufre más.
Te tengo rencor. Y me da bronca admitirlo. Porque me parezco a vos. Y no quiero terminar igual. No quiero ser una persona que lastima así. No quiero normalizar el dolor como forma de amor.

Odiás mi forma de ser. Me lo decís todos los días. Que soy cargosa. Que soy intensa. Que me parezco a papá, como "insulto". También odiás que me defienda, que te conteste, que no me quede callada. Y sí, lo hago para molestarte. Porque cuando siento que me atacás, necesito devolverte algo para no sentir que desaparezco.

No quiero hablar con vos. Y últimamente me molesta todo lo que hacés. Me molesta cómo me mirás, cómo suspirás, cómo te acercás. Y odio sentir eso.
No me gusta que te acerques a mí, o al menos no cuando estás de mal humor, con ganas de pelear. Porque cuando estás así, siento que cualquier cosa que diga va a explotar.
Y sin embargo sigo esperando. Con todo mi corazón. Sigo esperando el día en que estés feliz de verdad, y yo pueda abrazarte sin tensión, sin miedo, sin sarcasmo. Llevo esperando mucho tiempo.

Me río cuando gritás. Me río cuando llorás. Me río para hacerte sentir insignificante. Y sí, está mal. Pero no me río porque no me importes. Me río porque si no me río, lloro. Y no quiero llorar enfrente tuyo. No quiero que me veas débil. No quiero sentirme así otra vez.
Hace mucho que no te veo feliz. Y eso me parte. Porque aunque peleemos, aunque te diga cosas feas, yo quiero que estés bien. Solo que no sé cómo acercarme sin que termine en guerra.


No soy responsable de arreglar lo que vos no pudiste sanar.
No puedo salvarte.

Puedo amarte. Puedo desear que mejores. Pero no puedo cargar con tu vida encima de la mía.
No quiero ser la fuerte todo el tiempo.
Solo quiero que nos tratemos bien mutuamente. Sin guerra. Sin competencia. Sin ver quién hiere más.

No quiero que me digas que nadie me va a querer. No quiero que después llores como si yo fuera la que te rompió.
Yo también estoy rota. Yo también tendría que estar llorando.

A veces me da pena tu vida. No te odio. No sos mala. Estás herida. Y yo también.
Te amo. Y por eso quiero que esto cambie.
No quiero seguir así. No quiero convertirme en alguien que vive defendida todo el tiempo. No quiero terminar igual. Quiero sanar. Quiero vivir. No quiero sobrevivir.
Si algo tiene que terminar, que termine esta versión nuestra que solo sabe lastimarse. Y que, alguna vez, podamos mirarnos sin sentir que estamos en guerra.

No me gusta pelear a los gritos en la calle. No me gusta que la gente nos mire. No me gusta volver por caminos diferentes como si fuéramos dos desconocidas. No quiero que me ignores más. No quiero sentir que existo solo cuando estamos discutiendo.

Orgullo no es lo que siento por vos. Y sé que orgullo tampoco es lo que sentís por mí.

Después de negarlo mucho tiempo, últimamente me está afectando más de lo normal. Porque una vez más te necesito. Y de todas esas veces en las que no estuviste, deseo que ahora, al menos, me mires y me hables sin intención de pelear. Aunque sea por un día.
Con eso me sentiría mejor mami, de verdad te necesito.

No quiero sobrevivir. Quiero vivir. Y quiero que, alguna vez, podamos estar del mismo lado.

poco arrepentimiento

¿Vieron cuando se siente que estabas en tu mejor momento y no te dabas cuenta?
Cuando querías un cambio porque sí… y el cambio salia mal.
Ahora miro fotos y pienso:
¿por qué lo quería cambiar, si estaba tan lindo?
Sí, me teñí el pelo de rosa.
¿Me arrepiento? No… porque lo quería hacer.
De lo que me arrepiento es de haber gastado tanto en mi color anterior
y arruinarlo así, de la nada.
Ese color me quedaba bien.
Creo que era mi mejor momento…
no mentalmente, pero sí mi mejor momento de pelo.
El que más me gustó, el que más me costó mantener,
el que más sentía mío.
Y ahora está rosa, cortado, raro…
no me gusta.
Pero lo voy a dejar así.
No me voy a seguir quemando el pelo por desesperación.

Ver fotos me hace mal, porque me dan ganas de volver a un momento en el que, en realidad, ni siquiera me sentía en mi mejor versión… pero igual quiero volver.
Aunque bueno, tener quince años y quedarse siempre con el mismo color de pelo tampoco.
No aguanto.
Quiero probar mil cosas hasta encontrar qué me gusta de verdad.
Ahora este rosa no me gusta tanto…
capaz porque todavía no es el tono correcto.
Capaz mañana, cuando me haga un rosa más tranqui, me quede mejor.
Capaz me lo planche y me enamore del cambio.
Y eso está bien. Está muy bien.
Voy a ir probando.
Total, ya no pierdo nada: el pelo crece.
Capaz después sea rubia,
después pelinegra,
con mechitas,
capaz colorada…

Ah, y bueno, aprovecho para meter otro tema.
Estábamos viendo un video con mi hermana. No me acuerdo el título, la verdad… disocié un poco mientras lo veíamos. No me gusta ver ese tipo de videos con alguien al lado, porque me siento intimidada, como en pelotas. No quiero llorar adelante de nadie, ja.
Creo que se llamaba algo como “este es el último video que necesitabas ver” o algo así.
Y estaba bueno, de verdad. Decía cosas interesantes… cosas que sentía que tenía que entender. Pero no le pude prestar atención. Era como si mi cabeza necesitara no escuchar demasiado.
Hubo partes que sí entendí, de verdad las entendí…
pero no encontré ninguna solución.
No sabía cómo seguir eso que decía el video,
no sabía cómo encontrar eso que prometía.
Y eso me frustró más, porque tampoco quería pensar.
Siento que si pienso demasiado, me mezclo más de lo que ya estoy mezclada todos los días.
Igual lo voy a volver a ver.
Esta vez sola.
Porque estar al lado de alguien me intimida muchísimo,
aunque sea la persona que más quiero en el mundo y con la que más confianza tengo.

De verdad no puedo acordarme mucho de lo que decía el video.
Y eso me da bronca, porque yo quería entenderlo… pero no podía.
Sentía la presión de tener a alguien al lado, y eran cosas demasiado íntimas como para procesarlas acompañada.
Hay cosas que solo puedo pensar en silencio.
Necesito estar sola, pausar el video, quedarme pensando, volver, seguir… a mi tiempo.
Porque no es que no pueda prestar atención.
Si algo me interesa de verdad, presto atención.
Si alguien me habla, escucho.
Pero un video así de íntimo, con alguien al lado…
me frustra.
Me hace sentir que no puedo, que no llego, que no logro conectar con lo que está pasando adentro mío.
Y entonces dejo de mirar.
No porque no me importe,
sino porque me importa demasiado.

Me quedo atrás

¿No les pasa a veces sentirse menos en una amistad?
Como si vos dieras un montón y del otro lado volviera… no sé… algo medio raro. No necesariamente nada, pero sí distinto. Y encima tratar de explicarlo sin quedar como la intensa (no se puede).
Capaz son celos.
Capaz solo no entender ciertas actitudes de personas que querés y que, en teoría, también te quieren.
Últimamente me está pasando con varias amistades y no entiendo bien por qué.
Y ni siquiera tengo un ejemplo claro para decir “pasó esto”. Es más una sensación constante, silenciosa, que aparece de golpe y se queda molestando.
Hoy, por ejemplo, no sé ni qué quiero decir exactamente con todo esto.
Solo sé que es lo que estoy sintiendo ahora.
Siento, muy adentro, que le caigo mal a todos.
Que todos me odian un almenos un poco.
Y sí, ya sé, no es real. Mi parte racional lo sabe. Mi cabeza… no tanto.
Porque mi mente tiene un talento especial para llenar silencios con tragedias que nadie escribió.
No puedo dejar de maquinar.
Es como si mi cerebro estuviera buscando pruebas de que no encajo en ningún lado. Y encima es mal detective, porque inventa pistas.
Y ahí aparece lo peor:
esa sensación horrible de pensar que las personas que hoy son mis amigos en realidad ya no me quieren en su vida…
como si yo fuera algo que se tolera por costumbre y no porque de verdad quieran que esté.
Al menos en una pelea sabés qué pasó.
Acá no. Acá es solo una duda chiquita que se mete en todo y arruina hasta los momentos lindos.

También me pasa algo que me da vergüenza admitir:
me da celos cuando alguien que quiero empieza a conocer a más personas. Real.
No es solo celos igual… es esa sensación de quedarme atrás, de dejar de ser especial para alguien que para mí lo es todo.
Y después me pregunto por qué soy así, por qué no puedo ser más tranqui, más normal, más “bueno amiga, hacé tu vida”.
Pero no. Yo siento todo en HD 4K sin posibilidad de bajar la calidad.

Soy auténtica con cada persona que conozco. No sé querer a medias, no sé fingir interés, no sé estar por estar.
Cuando alguien me importa, me importa en serio. Mucho. Capaz demasiado. (Sí, claramente demasiado).
Por eso duele cuando siento que puedo ser reemplazable.
Como si diera lo mismo que esté o no esté.
Como si mi presencia fuera opcional… tipo publicidad que podés saltear en cinco segundos.
Y capaz todo esto está solo en mi cabeza.
Seguramente.
Probablemente mañana me levante y piense "aaaah re exagerada”.
Pero hoy no.
Y hoy me siento mal.
Y bueno… supongo que a veces también se escribe desde ahí.

No quiero hablar con vos, no quiero verte, no quiero escucharte. Quiero estar bien.