número uno

Tal vez tu vida es un sueño y tus sueños son la realidad. ¿Quién te dice cuál es cuál? Si al final solo existe lo que elegimos creer, y la mayoría vive creyendo cosas que ni siquiera eligió pensar.
Siento que fingen no saber nada. Como si de verdad no entendieran lo que hacen, las decisiones que toman o las personas que tienen alrededor. Actúan como víctimas, hacen exactamente lo que saben que les va a hacer mal y después se sorprenden cuando todo termina igual. “¿Por qué me pasa esto?”... Posta?

Les da vergüenza sus sueños y metas, les da vergüenza intentar algo distinto, les da vergüenza hasta sentir demasiado. Y capaz por eso nunca salen de donde están, porque prefieren sentirse aceptados antes que sentirse vivos.

Siguiendo reglas invisibles. Patrones. Se mueven en bucle. Para después terminar pensando por qué no dijeron lo que sentían, por qué no hablaron, por qué no se animaron.

Si te importa, siempre vas a ser prisionero. No terminen actuando para un público imaginario.

Si no te hacés preguntas, aceptás respuestas fabricadas. ¿Te educaron para que no jodas? Jodé. ¿Quién te va a decir algo? Porque peor que equivocarte es pasar toda tu vida encerrado en una personalidad hecha para caerle bien a los demás.

Dejá de ponerte límites. Que así nunca vas a ser libre.

no quiero volver

Lo cerca que está el domingo del lunes, pero lo lejos que se siente el lunes del domingo.

Lo que tanto anhelás nunca te va a llenar y lo que tanto deseás tampoco te va a aliviar. Es una excusa para sentirte bajo control, como si necesitaras tener algo lejano esperándote para convencerte de que algún día vas a estar mejor.
Algo posible y lejano.

Algo superficial, algo material, algo nuevo. Como hacerte algo en el pelo, comprarte ropa, cambiar algo de vos. Te sentís feliz unos días y después te acostumbrás. Como cuando imaginás tu futuro, sabiendo que si seguís viviendo tu presente igual nunca lo vas a alcanzar.
Imaginar ya no tranquiliza.

Donde ya ni dormir ayuda porque no encontrás ese escenario feliz. Y no importa qué tan imposible sea el sueño, los colores que tenga o las cosas materiales que imagines, porque nada termina llenándote de verdad.
Cuando ya no encontrás algo lindo en el pasado ni en el futuro. Solo o acompañado.

Aunque creo que si ves solo lo malo nunca vas a salir de ahí. Entonces intentá todo. Soñá igual. Disfrutá igual. Los lunes a jueves también pueden sentirse viernes y los domingos pueden seguir siendo sábado si dejás de vivir esperando “el momento”.

Inventate las horas. Viví más. Hacé cosas aunque te den miedo. Mañana te podés morir y ni siquiera haber intentado vivir como querías.
No pienses tanto. Sé lo que quieras, y proba cosas nuevas.
No te arrepientas de no haberte animado.
Dejá de intentar escapar de algo que todavía no existe. Tu futuro lo estás viviendo ahora.
No odiás a nadie y nadie te odia. Juntate con la gente que te haga bien e ignorá a los que te hagan pensar de más.
Cambiate de escuela, de ciudad, de país.
Vayamos a Marte.

Nunca abandones tus valores ni dejes de ser lo que sos para ser un queda bien. Juntate con los que tengan lo mismo que vos. Y no, no sos diferente ni un incomprendido, solo estás rodeada de gente superficial que no llega a entender tu madurez o la forma en la que ves las cosas. No pierdas tiempo llorá en el baño y empezá por lo que te haga feliz, hablá de cómo te sentís, pero no con cualquiera, viví. Siempre da tu opinión y conocé gente (gente buena che, ya veo y hacen lo contrario), el tiempo pasa rápido, háganlo todo, y nunca se olviden que lo único que necesitamos es amor.

No nos pongamos exigentes, que cualquier lugar es mejor que esto.

Y no, no quiero volver. Quiero llegar a otro lugar.
No quiero hablar con vos,
no quiero verte, no quiero escucharte.

Quiero estar bien.

Me quedo atrás

¿No les pasa a veces sentirse menos en una amistad?
Como si vos dieras un montón y del otro lado volviera… no sé… algo medio raro. No necesariamente nada, pero sí distinto. Y encima tratar de explicarlo sin quedar como la intensa (no se puede).
Capaz son celos.
Capaz solo no entender ciertas actitudes de personas que querés y que, en teoría, también te quieren.
Últimamente me está pasando con varias amistades y no entiendo bien por qué.
Y ni siquiera tengo un ejemplo claro para decir “pasó esto”. Es más una sensación constante, silenciosa, que aparece de golpe y se queda molestando.
Hoy, por ejemplo, no sé ni qué quiero decir exactamente con todo esto.
Solo sé que es lo que estoy sintiendo ahora.
Siento, muy adentro, que le caigo mal a todos.
Que todos me odian un almenos un poco.
Y sí, ya sé, no es real. Mi parte racional lo sabe. Mi cabeza… no tanto.
Porque mi mente tiene un talento especial para llenar silencios con tragedias que nadie escribió.
No puedo dejar de maquinar.
Es como si mi cerebro estuviera buscando pruebas de que no encajo en ningún lado. Y encima es mal detective, porque inventa pistas.
Y ahí aparece lo peor:
esa sensación horrible de pensar que las personas que hoy son mis amigos en realidad ya no me quieren en su vida…
como si yo fuera algo que se tolera por costumbre y no porque de verdad quieran que esté.
Al menos en una pelea sabés qué pasó.
Acá no. Acá es solo una duda chiquita que se mete en todo y arruina hasta los momentos lindos.

También me pasa algo que me da vergüenza admitir:
me da celos cuando alguien que quiero empieza a conocer a más personas. Real.
No es solo celos igual… es esa sensación de quedarme atrás, de dejar de ser especial para alguien que para mí lo es todo.
Y después me pregunto por qué soy así, por qué no puedo ser más tranqui, más normal, más “bueno amiga, hacé tu vida”.
Pero no. Yo siento todo en HD 4K sin posibilidad de bajar la calidad.

Soy auténtica con cada persona que conozco. No sé querer a medias, no sé fingir interés, no sé estar por estar.
Cuando alguien me importa, me importa en serio. Mucho. Capaz demasiado. (Sí, claramente demasiado).
Por eso duele cuando siento que puedo ser reemplazable.
Como si diera lo mismo que esté o no esté.
Como si mi presencia fuera opcional… tipo publicidad que podés saltear en cinco segundos.
Y capaz todo esto está solo en mi cabeza.
Seguramente.
Probablemente mañana me levante y piense "aaaah re exagerada”.
Pero hoy no.
Y hoy me siento mal.
Y bueno… supongo que a veces también se escribe desde ahí.

miss her

Estaba viendo mis reposts de TikTok, mis compartidos. No sé cómo terminé bajando hasta todo el 2025.
 Ese año la pasé para el orto, sí. Pero no era solo tristeza. Era otra cosa. Como si me hubiera armado una barrera para que nada me toque. Para que nadie me lastime.
No era otra personalidad, no. Tampoco era yo del todo. Era una versión mía que era puro ego e insensibilidad.
Y me lo creía. Y estaba bien. Bueno, no.
No sentía todo como ahora. No me cuestionaba tanto. No me abría así, un poco inaccesible. Y eso me protegía. No podían entrar tan fácil. Nadie me podía atravesar.
Y aunque ahora lo piense y diga “estaba mal”, en ese momento me sostenía.
Sigo teniendo ese caracter con la gente de afuera.
Pero yo ya no me lo creo. Y eso cambia todo. Igual, es necesario volver, en secundaria es necesario tener el valor de responder a algún comentario un poco pasivo agresivo con ganas. Porque una cosa es actuarlo y otra muy distinta es convencerse de verdad.
Antes me lo creía.
Yo eso estaba bien.
Y eso alcanzaba para sobrevivir.
Ahora soy demasiado consciente. Demasiado sensible. Todo me afecta. Todo me llega. Y dicen que eso es parte del proceso, sanar, bla bla bla. Pero se siente horrible. Se siente como estar sin meikap.
Extraño esa versión mía que no se analizaba tanto. Que no dudaba. Que no se rompía por todo. Sin pedir permiso, sin explicar nada.
Extraño también perderme en obsesiones boludas que me salvaban la cabeza. 

No sé si quiero sanar o solo quiero aguantar.
No sé si esto es avanzar o retroceder.
Solo sé que necesito ¿volver a ser yo? No sé quién soy. Pero esa versión mía me gustaba. Aunque sea mentira. Aunque sea por un rato. Aunque sea para sobrevivir este año.

Mes del amor

Gente jurándose cosas eternas un martes a la tarde. Raro...
A mí eso siempre me deja pensando, pero no en el amor lindo, sino en todo lo que se hace pasar por amor y nada que ver.
Porque no todo lo intenso es amor.
Y no todo lo que cuesta vale la pena.
Hay gente que no se ama nada.
Nada de nada.
E igual así busca desesperadamente que alguien más lo haga.
Como si una pareja pudiera arreglar un vacío interno.
Spoiler: no puede.
Eso termina en relaciones rarísimas.
Tóxicas, dependientes, pesadas.
Parejas que no deberían estar juntas por salud mental, básicamente.
Pero no se dejan.
Porque “se aman”.
O porque tienen miedo de estar solos.


Sí, ya sé: es medio hipócrita.
Porque si hablamos de intensidad, caos y dependencia emocional, hola, soy yo.
La menos indicada.
Yo soy intensa.
Soy obsesiva.
Y bastante celosa también, no voy a mentir.
Celosa con parejas inexistentes, con amigos, con amigas, con familia… con todo.
Si existís y te quiero un poco, probablemente me genere celos. Así de sana estoy.
Lo tengo claro.
Bueno… a veces.
Porque como dije en otro post, hay días en los que siento que entiendo absolutamente todo.
La vida, el amor, mis traumas.
Y al día siguiente me levanto sin entender nada de nuevo.
Por eso también creo que no quiero estar con nadie ahora.
No porque no me guste la idea del amor, sino porque me conozco.
Y sé que podría perderme fácil.
Sé que podría engancharme mal, obsesionarme, sufrir al pedo.
Y no quiero eso.
No quiero estar pendiente de alguien más cuando todavía estoy aprendiendo a bancarme.
No quiero una relación que despierte todos mis mambos juntos.
Además, seamos sinceros:
las relaciones adolescentes suelen ser un caos.
Todos descubriéndonos, todos rotos en distintas etapas, todos aprendiendo a ser personas.
No quiero sufrir por nadie.
No quiero quedarme en algo solo porque me da miedo estar sola.
Capaz suena contradictorio que diga todo esto siendo como soy.
Pero justamente por eso lo digo.
Porque me conozco lo suficiente como para saber que, por ahora, me conviene estar sola.
Capaz algún día llegue alguien que me encante de verdad.
Capaz sí.
Capaz no.
Mejor sola que mal acompañada (toda una señora).

Y hay otra cosa que no puedo no decir:
le tengo miedo al compromiso.
Me da miedo estar con alguien porque yo sé cómo soy.
Y cuando me siento atada… no puedo.
De verdad, no puedo.
Es una sensación física casi, como alejate de mí, dejame en paz.
Y lo peor es que ni yo me entiendo del todo.
Hay momentos en los que pienso que me encantaría estar con alguien.
Y otros en los que creo que no, que mejor no.
Y después vuelvo a pensar que sí.
Y así en loop.
Hermosa estabilidad emocional.
Creo que me da miedo perderme en alguien.
O depender.
O sentir que tengo que responder expectativas cuando yo todavía no sé ni qué quiero.
Me da miedo sentir que ya no soy libre, aunque nadie me esté pidiendo nada.
Igual, ojo, no quiero estar con cualquiera.
No quiero estar con alguien porque “está disponible”.
No quiero un clon de un clon de un clon.
Eso me aburre, me da rechazo directamente.
Si algún día estoy con alguien, quiero que sea alguien auténtico.
Con personalidad.
Que sienta mucho, como yo.
Que piense, que se exprese.
Alguien con quien no tenga que explicarme tanto porque nos entendemos en el caos.
Y sí, me obsesiono con las personas.
No lo voy a negar.
Cuando alguien me llama la atención, me llama mucho.
Últimamente, mi último crush fue Ezra Miller.
Y no solo por lo físico (aunque sí… qué prime el de 2008 a 2011).
Sino por cómo se expresaba, cómo hablaba en entrevistas, cómo mostraba su forma de pensar.
Eso me mata.
La personalidad me enamora más que cualquier cosa.
Supongo que por eso me cuesta tanto todo esto.
Porque siento mucho, pienso mucho y me engancho fácil.
Y mientras no sepa manejar eso, prefiero estar sola antes que perderme en alguien.

Hay algo que sé y no voy a negar:
está mal ser como soy en algunas cosas.
 no me lo tiene que decir nadie (Me lo dijo Agus).
A veces quiero que alguien se enamore de mi.
Que le guste mi personalidad, mi forma de pensar, mi intensidad.
Que sea como yo o, al menos, que no se canse de cómo soy.
Y al mismo tiempo sé que hay partes mías que necesitan mejorar.
Y las estoy trabajando, claramente.
Antes era peor. Mucho peor.
Me acuerdo que, por ejemplo —hola Rosario—
me daban celos cuando se juntaba con otras amigas.
Celos reales.
Y sí, obvio que todavía me pasa un poco, no voy a mentir,
pero hoy tengo claro que eso está mal.
Tipo ajá.
No sé dónde lo leí, pero alguien dijo algo así como que nadie debería ser definido por lo que fue. Que las personas cambian. Y yo creo lo mismo, no somos una versión fija de nosotros mismos.
(creo que lo dijo Charlie... o alguien muy sabio, fin del paréntesis).
Y es verdad.
No soy la misma.
Me siguen dando celos, sí, pero mucho menos.

 Hay algo que me molesta.
Me da bronca porque, no sé… creo que soy linda.
Bueno, depende la época del año:
en invierno se activa mi lado egocéntrico y soy directamente hermosa.
Pero posta no entiendo por qué nadie se me acerca.
¿Por qué nadie se me acerca?
No sé.
Las chicas sí.
Antes me pedían el ig en los baños de la escuela.
Ahora ya no tanto, supongo que porque ya me conocen...
A veces me siento vista y a veces completamente invisible.
Hermoso contraste.
Pero bueno.
Y ojalá algún día llegue alguien que no me quiera solo un rato,
sino entenderme mientras yo también me entiendo.
Y si no, prefiero seguir sola antes que repetir versiones mías que ya no quiero ser.


Igual, ojo..
si sos alto, blanquito, cara de modelo, musculoso… podés mandarme un mensaje a—

Ahora sí, en serio:
¿hay alguien que quiera tomar vino conmigo de lunes a lunes?
A la mañana, a la tarde, a la noche...
Alguien que me banque, que tenga ganas de salir, que acepte a mi segunda (Rosario)
Que le guste la joda y el vino. Mentira, solo buenos sentimientos... Dejá, ¿No leíste? No quiero nada.

podría ser cualquier día

Mi cabeza no se calla nunca.
No es que piense cosas importantes todo el tiempo, a veces pienso pavadas, escenas que no pasaron, diálogos imaginarios, posibilidades que probablemente nunca existan. Pero todo eso ocupa espacio. 

Me pasa que puedo estar bien y, de la nada, mi mente decide revisar absolutamente toda mi vida.
Lo que hice mal, lo que no hice, lo que debería estar haciendo ahora, lo que voy a tener que hacer más adelante. Y no es útil, no me ordena, solo me cansa.
También pienso mucho en cómo me ven los demás.
No porque quiera gustar, sino porque me da curiosidad.
A veces siento que cada persona conoce una versión distinta de mí, y yo no termino de reconocerme en ninguna del todo. Como si fuera un rompecabezas repartido en varias cabezas.
Hay días en los que tengo una claridad impresionante.
Digo: ok, entendí.
Y al otro día me despierto sin entender nada de nuevo.
Como si cada noche me reiniciara.
Lo más rari es que, incluso cuando no hago nada, siento que estoy atrasada.
Atrasada en crecer, en decidir, en ser algo concreto.
Se que varios piensan esto,
o no sé si soy yo la que siente un poco de más.
Y no lo digo como algo dramático...

Hay días en los que siento que mi cabeza va más rápido que yo. Que entiendo cosas que todavía no sé manejar. Que siento demasiado para el momento en el que estoy. Y no sé si eso es ser intensa, ansiosa o simplemente la condena de vivir.
Escribo porque acá no tengo que decidir nada.
No tengo que saber quién soy ni a dónde voy.
Puedo contradecirme, exagerar, cambiar de tema, volver atrás.
Puedo ser yo sin tener que definirme.
No sé si esto se ordena con el tiempo o si solo aprendo a convivir con el desorden.
Por ahora escribo.
Porque mientras escribo, todo hace un poco más de sentido.
O al menos no me siento tan perdida.
Hay momentos en los que siento mucho a la gente que tengo alrededor.
Amo a las personas. Sé querer, sé amar.
Amo a mucha gente que forma parte de mi vida.
A mamá la amo, aunque esté re loca.
A papá también, aunque casi nunca esté conmigo. Lo amo igual y pienso mucho en él.
 Soy parecida a él.
De mamá tengo pocas cosas.
Y justamente por eso no quiero terminar como ella.
Amo a mi hermana con toda mi alma tal vez solo sigo porque veo que ella me tiene fe.
Tal vez me convertí en el tío Ale (Re quebrada).
También soy muy sensible.
Hay noches en las que pienso en personas que ni conozco, gente que está sufriendo ahora mismo, y me duele no poder hacer nada, ni siquiera escribirles.
Pienso mucho en mis amigos.
Todos los días me imagino cómo están.
A veces pregunto, a veces no, porque no quiero atosigarlos.
Pero los pienso igual.

Pensar en que me falta mucho por vivir y esto es solo el comienzo me pone en modo histeria. Esto es muy poco de lo que puedo expresar. 

Xoxo