Estaba viendo mis reposts de TikTok, mis compartidos. No sé cómo terminé bajando hasta todo el 2025.
Ese año la pasé para el orto, sí. Pero no era solo tristeza. Era otra cosa. Como si me hubiera armado una barrera para que nada me toque. Para que nadie me lastime.
No era otra personalidad, no. Tampoco era yo del todo. Era una versión mía que era puro ego e insensibilidad.
Y me lo creía. Y estaba bien. Bueno, no.
No sentía todo como ahora. No me cuestionaba tanto. No me abría así, un poco inaccesible. Y eso me protegía. No podían entrar tan fácil. Nadie me podía atravesar.
Y aunque ahora lo piense y diga “estaba mal”, en ese momento me sostenía.
Sigo teniendo ese caracter con la gente de afuera.
Pero yo ya no me lo creo. Y eso cambia todo. Igual, es necesario volver, en secundaria es necesario tener el valor de responder a algún comentario un poco pasivo agresivo con ganas. Porque una cosa es actuarlo y otra muy distinta es convencerse de verdad.
Antes me lo creía.
Yo eso estaba bien.
Y eso alcanzaba para sobrevivir.
Ahora soy demasiado consciente. Demasiado sensible. Todo me afecta. Todo me llega. Y dicen que eso es parte del proceso, sanar, bla bla bla. Pero se siente horrible. Se siente como estar sin meikap.
Extraño esa versión mía que no se analizaba tanto. Que no dudaba. Que no se rompía por todo. Sin pedir permiso, sin explicar nada.
Extraño también perderme en obsesiones boludas que me salvaban la cabeza.
No sé si quiero sanar o solo quiero aguantar.
No sé si esto es avanzar o retroceder.
Solo sé que necesito ¿volver a ser yo? No sé quién soy. Pero esa versión mía me gustaba. Aunque sea mentira. Aunque sea por un rato. Aunque sea para sobrevivir este año.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario