Sí… roja. Y ya me estoy arrepintiendo.
El color que tenía antes era el más caro de mantener, todo en la pelu, plata, cuidado… todo. Pero igual era mi color. El que sentía que de verdad era yo (Siento absolutamente lo mismo de todos los colores que tuve pero creo que me que me gustaba más ese).
Y necesitaba un cambio. Porque claramente nunca sé lo que quiero. O lo sé cinco minutos y después no.
Estuve meses con ese color. Meses sintiéndome cómoda, segura, como si por fin algo encajara.
¿Y qué hice? Bueno… nada, ir y cambiarlo. Obvio. Porque mi cabeza funciona así: cuando algo está bien, lo arruino sola.
Ahora estoy acá, con una bolsa en la cabeza, pensando en hacerme mechitas rosas. Como si el problema fuera el color y no todo lo que tengo adentro dando vueltas.
Siento que tengo un problema grave con mi propia cabeza. Nunca estoy conforme. Nunca me quedo quieta. Siempre quiero cambiar algo, mover algo, romper algo… y después extraño exactamente lo que tenía.
Y lo peor es esa sensación de que ese color era el mío. Totalmente mío. Como si hubiera perdido algo más grande que un simple tono de pelo.
Y ahora no hay vuelta atrás.
O sí, pero no inmediata. Y eso lo hace peor. Porque tengo que convivir con una decisión que tomé yo misma y que ya me arrepentí.
Odio mi vida y absolutamente todo lo que hago.
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