carnaval 2024

Quería hablar de esto en carnaval, pero no aguanté. Soy muy nostálgica y sentí la necesidad de contarles cómo fue aquel día.
Escribir sobre esto también me sirve a mí. Me ayuda a seguir practicando, a entender mi forma de escribir y a adaptarme a lo que tal vez, en el futuro, me anime a algo más.

Espero que, cuando lo lean, puedan sentirse aunque sea un poco como yo me sentí ese día (mejor dicho, el comienzo de el mejor verano).

13/2/2024

La noche anterior habíamos ido al corso. Como llegamos tarde, me quedé a dormir en lo de Rosario e hicimos pijamada con su primita Elu.
A la mañana escuchamos gritos de Thiago y Genaro. Abrimos la puerta para ver qué onda y, sin aviso, nos tiraron un balde de agua fría. Así empezó el segundo día de carnaval. Nunca me voy a cansar de contarlo.
Me fui a casa a bañarme y a prepararme. Ya era casi mediodía cuando volví a encontrarme con Rosario para salir otra vez.
Fuimos a la esquina con los vecinos. Estaban Tizi, Gael, Taylor e Ian (los cuatro con menos de once años, jiji). Nuestro grupito era re pichi, pero tampoco esperábamos mucho: Tizi tardaba un montón en recargar y yo tiraba re mal.
Dimos una vuelta por donde viven los Molla, una familia bastante conocida del barrio, como los Cunini o los Fernández. Normalmente, si pasás por ahí, sos pollo. Pasamos igual. Tres nenes nos largaron a correr, pero no nos mojaron.
Un rato después volvimos en son de paz, preguntándoles si nos podíamos unir a ellos.

Literalmente fue así:
—Eu, eu… no tiren, ¿nos podemos unir a ustedes?
—Ee… bueno.
Me mandaron a cargar las bombuchas y ahí lo conocí…
JAJAJA, banquen. Esto solo lo van a entender los chicos y Rosario, pero ustedes sigan leyendo, que igual se entiende.
La bombucha no entraba bien en la manguera. Salpicaba para un costado, salpicaba mucho. Parecía un chorro de pis a presión. En eso, un nenito al lado mío empezó a toser medio exagerado para que lo mirara, y fue la escena más graciosa de todas: el chorro le estaba dando justo en la cara.
Me largué a reír.
—¿No sabés cargar?
—¿Cómo te llamás? —le pregunté, todavía riéndome.
—Chucky… o sea, Agustín, pero me dicen Chucky.
Para mí lo de Chucky era porque era un enanito todo trabado, re hiperactivo, con ojos color avellana muy claros, pecas y el pelo castaño. Qué copado que era Chucky.
Hace mucho que no lo veo.

De la nada estábamos los cinco en la pile haciendo remolino. Estaba Chucky, los mellizos Thiago y Alan Molla, Rosario y yo. Ahí fue cuando nos aprendimos bien nuestros nombres.
Después llegaron más nenes, pero nosotros cinco éramos como los “mayores”. En ese entonces yo tenía 13, Rosario 12, y los mellis —incluyendo a Chucky— supuestamente 12 (aunque no parecían).
Rosario y yo queríamos venganza por lo que había pasado a la mañana. Una cuadra más arriba estaban Thiago, Genaro y más de sus amigos. Fuimos con los Molla. Cuando digo Molla incluyo a Chucky, porque ellos mismos decían que era un Molla más.
Fuimos por venganza… y de la nada era un todos contra todos.
Yo quedé libre y nos miramos con Thiago.
JAJAJA, fue re gracioso. Me miró, se largó a correr mientras gritaba:
—¡GENAROOOO, AAAAAAAHH!
Yo fui y lo corrí. Dios, cómo dolía pisar el asfalto caliente. Lo peor es que lo alcancé. ¿Pero qué tenía que hacer? ¿Agarrarlo y meterle la cabeza en la pile que estaba ahí? ¿Lincharlo con un palo?
No tuve tiempo de decidir nada, porque los Molla y Rosario no fueron suficiente resistencia. Me alcanzaron y me empezaron a ahuyentar con bombuchas.
Thiago y yo nos empezamos a bardear desde lejos, mientras los vecinos se asomaban por las ventanas.
—¡TOCATE EL PAPO Y DEJÁ DE JODER, GIL!
—¡VOS, PELOTUDA!
Todo a los gritos. Con Rosario lo estábamos re bardeando (en joda).

Maga, la mamá de Rosario (mi mamá postiza), estaba en una esquina comiendo salteñas. Pasamos a saludarla y nos dio una a cada una.
Yo le había dado apenas los primeros dos mordiscos y ya estábamos de nuevo en lo de los Molla.
—Chucky.
—¿Qué?
—¿Querés un poco?
Terrible gil. Le di mi salteña y SE COMIÓ SOLO EL RELLENO. Arrastró toda la lengua por adentro de la salteña, JAJAJA, la vació completamente y me dejó solo la masa encima, mientras me miraba.
Una re lástima.
Le dije que se la coma toda, porque ya se había comido lo más rico… y encima la había babeado toda.
Chucky era un cago de risa. Hacía un montón de chistes; si me acordara de alguno, se los contaría.
Rosario había comprado cuatro paquetes de chisito naranja y, con los Molla, fuimos a dar una re vuelta. Más que caminar, fue básicamente correr, porque nos tiraban bombuchas desde las ventanas. Igual, eso es trampa, y a varios les grité:
—¡TAN CAGÓN SOS PARA JUGAR! ¡A VER, VENÍ! ¡BAJÁ, BAJÁ!
En una, Alan me siguió el juego y le tiraron una bombucha directo en la cara.
JAJAJA, fue graciosísimo.
Seguimos nuestro rumbo con las ojotas como guantes en las manos, porque con eso en los pies te re caés corriendo. Cuántas bacterias me habré agarrado ese día.
Chucky empezó a patear portones mientras corríamos. Y no fue uno solo: fueron varios, seguidos, en distintas cuadras, todo sin frenar.
Cuando nos calmamos, empezamos a caminar más tranqui. En eso, Chucky arrancó una flor de una planta, se arrodilló y me la dio.
(Acá empieza eso que les dije que después iban a entender). Igual, esta parte tiene un mini lore post-carnaval.

Así pasamos todo el día. Cuando ya eran como las seis de la tarde, estaban pasando los del fondo. Qué miedo.
¿Cómo explicarlo? Son como los de quince años para arriba, pasando en un grupo inmenso, con botellas, pintura… con todo menos agua.
Nosotros estábamos en la pile. Me acuerdo que Roro Molla 🕊️ me estaba pasando las bombuchas. De la nada, uno de los nenitos gritó:
—¡AHÍ VIENEN!
Re de película. Nos aguantamos la respiración abajo del agua. Igual, entiendan que si estábamos con la familia Molla no nos podían hacer nada.
Después, el resto de la tarde la pasamos en la pile, tirándole bombuchas a cualquiera que pasara. Fuimos a pocas cuadras distintas porque, si te agarraban, te agarraban feo.
Ya casi eran las ocho de la noche. Estábamos sentados en una mesa de madera, abajo de un techito, compartiendo una toalla que nos habían dado entre los cinco.
Jugué pulseada con Rosario, con Alan y con Thiago. Les gané a todos.
CHUCKY ME PUDO GANAR.
No me acuerdo bien de qué hablábamos, pero sí me acuerdo de que Chucky se paró arriba de la mesa… y yo lo nalgueé. Sonó re gracioso. Y más gracioso todavía fue cómo se dio vuelta lentamente para mirarme, estuvimos jodiendo los cinco durante media hora, ya era bastante tarde.
Habíamos acordado ir todos juntos al corso esa noche. Después de eso, cuando el sol ya casi no se veía, nos despedimos.

Me quedaron un montón de cosas por contar. Esto es un resumen muy resumido, porque hay escenas que no recuerdo del todo, pero la sensación no se me fue nunca.
Si tuviera que decir quiénes fueron los protagonistas, diría que cada uno lo vivió desde su lado. Pero cuando sos chico no pensás en perspectivas ni en nada de eso, la vivís y listo. Rosario y yo fuimos las protagonistas porque cada vez que podemos volvemos a ese día y lo contamos como si hubiera pasado ayer.
Y nunca fui de salir en carnaval. Pero con quienes lo pase ese día, me di cuenta que valio totalmente la pena animarme a salir ese año. Nunca volví a tener amigos como los que tuve ese día.
Y nada… a veces me pregunto si este carnaval nos volveremos a juntar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Muñeco...

28 de septiembre, una y    media de la tarde,            Stuttgart . Muñeco… Sí, hoy quiero hablar del fanfic que me marcó de verdad. Inclus...